La oportunidad de la IA en sanidad está en el trabajo que hoy consume horas de personal cualificado: redactar la nota clínica después de cada consulta, leer informes escaneados que llegan de otros centros, localizar el protocolo vigente o preparar datos para un estudio. Los modelos abiertos actuales hacen bien estas tareas si se ejecutan cerca de los datos y con GPU suficiente para responder durante la consulta, no al día siguiente.
El problema es dónde se ejecutan. Los datos de salud son categoría especial en el RGPD y su tratamiento exige garantías reforzadas. Enviar historias clínicas a una API alojada fuera de la UE abre preguntas sobre transferencias internacionales, acceso por autoridades de terceros países y reutilización para entrenar modelos que ningún comité de ética ni delegado de protección de datos quiere tener que responder. Por eso tantos proyectos de IA sanitaria se quedan en piloto.
La regulación, además, se mueve. El Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EEDS) ordena el uso secundario de datos para investigación, el Reglamento de IA (AI Act) trata como alto riesgo el software de IA que es producto sanitario bajo el MDR, y el ENS sigue siendo exigible a los servicios públicos de salud. Seguimos cada plazo en el radar regulatorio. Como operador español con hardware propio en Madrid, te damos un entorno donde sabes dónde está cada dato, quién accede y cómo salir, con precios publicados.