En una empresa industrial el conocimiento valioso está repartido en miles de documentos: manuales de mantenimiento, especificaciones de cliente, registros de calidad, planos, código de máquinas y años de datos de producción. La IA permite consultarlo en lenguaje natural, extraer datos de formularios escaneados, revisar código o detectar patrones en series de sensores. Es una ganancia de productividad real para ingeniería, calidad y mantenimiento, y para los equipos de I+D que necesitan GPUs potentes sin montar su propio centro de datos.
Pero ese conocimiento suele ser vuestro activo más protegido. La Ley 1/2019, de Secretos Empresariales, solo protege la información si su titular ha adoptado medidas razonables para mantenerla en secreto; enviar planos o código a un servicio de IA de terceros fuera de la UE, sin un contrato que limite su uso, debilita ese argumento. A eso se suman el Reglamento de Datos (Data Act), aplicable desde el 12 de septiembre de 2025, que regula el acceso a los datos de productos conectados con salvaguardas para los secretos empresariales, y el Reglamento de Ciberresiliencia (Cyber Resilience Act), que exige seguridad durante todo el ciclo de vida de los productos con elementos digitales que fabricáis.
Ejecutar la IA en infraestructura española, aislada y con contrato es una medida razonable que se puede documentar. Nuestro clúster usa GPUs NVIDIA B200 con 180 GB de memoria HBM3e cada una, red InfiniBand NDR y almacenamiento paralelo Exascaler: detalles en infraestructura y tarifas públicas en precios. Seguimos los plazos del Data Act, el CRA y NIS2 en el radar regulatorio.